50. El Caldero / Ding
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El Caldero. Suprema fortuna y éxito. El Caldero simboliza la consolidación de la cultura y la espiritualidad; cuando el hombre ofrece lo mejor de sí a lo divino y se alinea con el orden cósmico, logra una influencia transformadora que trae prosperidad y una profunda realización.
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Línea 6: El caldero tiene anillos de jade. Gran fortuna. Nada que no sea propicio. El sabio que combina la firmeza con la suavidad del jade alcanza la máxima perfección. Su influencia es pura y armoniosa, encontrando favor tanto ante lo divino como ante los hombres, asegurando que todo fluya hacia el éxito.
Línea 5: El caldero tiene asas amarillas y anillos de oro. La perseverancia es propicia. Un gobernante que actúa con modestia y apertura atrae a colaboradores fuertes y capaces. Mantener esta actitud de humildad y firmeza permite que la gran obra de la civilización se sostenga con éxito.
Línea 4: Las patas del caldero se quiebran. Se derrama el guiso del príncipe y su propia persona se mancha. Desgracia. Cuando alguien asume una responsabilidad que supera sus fuerzas o se rodea de gente inadecuada, el fracaso es inevitable, resultando no solo en el colapso de la tarea sino también en el deshonor personal.
Línea 3: Las asas del caldero están alteradas y su movimiento se ve impedido. La grasa del faisán no se come. Una vez que cae la lluvia, el remordimiento se desvanece. Al final, fortuna. Describe a quien posee grandes dotes pero no es reconocido; sin embargo, si mantiene su riqueza espiritual, la tensión eventualmente se liberará y sus virtudes serán finalmente aprovechadas.
Línea 2: Hay alimento en el caldero. Mis adversarios están envidiosos, pero no pueden dañarme. Fortuna. En tiempos de gran cultura, concentrarse en logros reales y significativos protege al hombre; mientras se mantenga fiel a su obra, la envidia de los demás no podrá alcanzarlo ni impedir su progreso.
Línea 1: Un caldero con las patas hacia arriba: es propicio para eliminar lo que está estancado. Se toma a una concubina por el bien de su hijo. Sin falta. Al igual que un caldero se vuelca para limpiarse antes de usarlo, los comienzos humildes o las purificaciones necesarias permiten que incluso lo más bajo alcance el reconocimiento y la fertilidad.